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Se muere, se baila, se reza

Termina la época de lluvias dando su último do de pecho. Las tormentas cada vez son más espectaculares. Muchas tardes, desde el despacho de la pediatría, sigo viendo las luces de fondo, como de telón de fondo en una representación de Luces de Bohemia.

Hemos comenzado a experimentar la muerte de niños conocidos. Ha impreso en mí vívidamente la sensación de desigualdad en nuestro mundo. No lo vivo con culpa sino con dolor. No hay destinatarios, a todos nos corresponde un poco. Siento que algo debería ser distinto y que hay que construirlo desde todos los lugares y con cambios profundos de mentalidad. Complicado, largo, subjetivo, increíble.

La alegría continúa inalterable, mezclada absolutamente con todo. En una cama un niño muere, al lado un niño sonríe. El mundo se percibe con los colores de las ropas y los sonidos de los cantos. Se muere, se baila, se reza.

Hoy una enfermera me ha dicho: "Sólo Dios sabe por qué siguen en segunda ronda las elecciones en Guinea". El director de enfermería del hospital se pasea por las tardes imponiendo las manos a los enfermos, consolándoles. Mientras tanto los musulmanes rezan orientados hacia la meca. Todo es tan distinto y nosotros en medio, como los colores y la muerte.

Cuando piense en África y no esté aquí lo echaré de menos, es la primera vez que lo siento.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que el Dios de la Vida acoja en su gloria a cada niño que fallece, y al resto de los mortales nos de entrañas de sensibilidad para que nos duela cada tragedia humana, sea del origen que sea.
Todos de alguna forma u otra somos responsables de cada persona que vive en esta tierra. Estoy de acuerdo contigo que esta situación debería ser distinta y que está en nuestra mano propiciar el cambio por muy pequeño que sea.
Gracias por compartir tu dolor que hace que también sea el nuestro.

Unknown dijo...

Tras sentir muy cercanas tus vivencias en África, cosa inevitable con esa forma tan hermosa de narrarlas, me cuesta mucho no pensar en mi propia experiencia.
Aunque mi breve acercamiento no tiene nada que ver con vuestra inmersión en Äfrica, comparto muchas de tus reflexiones, emociones y exigencias.

Exigencias morales a cada uno de nosotros, pero sobre todo a los que mayor capacidad tienen para cambiar las “injustas reglas del juego de la vida” que para tres partes del mundo se han establecido en beneficio del resto.

Reflexiones sobre la subjetividad que debería convertirse en objetividad ante la imparable necesidad de establecer esos mínimos universales; que teóricamente se reconocen para todas las personas con la DUDH pero de los que solo unos pocos afortunados gozamos.

Emociones que producen situaciones tan contradictorias afectivamente como ver que la vida de un anciano se apaga en mitad de una calle llena de suciedad mientras nadie hace nada, al mismo tiempo, que unos niños juegan a su lado sin más necesidad que divertirse.

Te acordarás de África como yo me acuerdo de India. Algo que pasa a formar parte de un regalo de la vida, una riqueza personal.

Un enorme abrazo a los dos.

LORENA