Varios de sus pobladoras y pobladores le ponen el rostro al 66% de las familias hondureñas que viven por debajo de la famosa y maldita línea de la pobreza; en muchos casos familias campesinas que ponían su esperanza en la vida de la ciudad, o chavos y chavas jóvenes que esperan su gran oportunidad de trabajo en la maquila, y si no la encuentran, se van de mojados.
Estos son los mismos hombres y mujeres que luchan cada día por sobrevivir, y que se organizan para apoyar el único centro de salud que tienen en el barrio, regentado por la parroquia del lugar, y con un médico que llega algunas horas al día. Pero como dicen ellos, “ahora que conseguimos que haya un médico que quiera entrar aquí, más fácil será conseguir el pisto que falta para ayudar a pagarlo”.
Esta misma semana me entero que la Unión Europea ya dio 40 millones de euros a la policía hondureña, según ellos, con muchos controles, pero no han pedido ningún tipo de depuración dentro de los cuerpos policiales. Y es que la seguridad es cara, una bomba lacrimógena, tan populares en estos días y en estos lares, cuesta casi 100 euros. Para nuestra tranquilidad, también informaron que aportaron 1 millón de euros para los defensores de derechos humanos, porque son conscientes “de que sigue existiendo peligro”.
Y me entero también para terminar la semana, que en el presupuesto hondureño de 2011, suben las partidas de la Secretaría de Seguridad, de Defensa y de la Presidencia; a cambio, bajan las de partidas de la Secretaría de Educación, Salud y COPECO (la instancia encargada de atender las emergencias por desastres naturales).
“El Estado crea “los indeseables”, al dejar de cumplir las funciones sociales para las cuales fue históricamente creado, y después los margina, excluye, confina, o mata (o deja matarlos)”. Juez Cançado Trindade, en el caso Servellón vs. Honduras, ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
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