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Es solo el juego

Estoy ya con los últimos capítulos de The Wire, sin duda una de las mejores series que he visto en televisión. También es verdad que toca muchos temas que me atrapan: violencia, mafia, venganzas…pero sólo en la ficción, eh.

En uno de los últimos capítulos, uno de los capos de la droga, el último en llegar, un tío emergente que se ha librado de tres o cuatro rivales de manera expeditiva, responde a uno de sus soldados cuando este le inquiere sobre el porqué de cargarse a uno, amenazar a otro, actuar a espaldas de todos y al final traicionarlos, con una laconica respuesta: - es solo el juego.

Me sorprendió la coincidencia porque hace escasas semanas me atreví a ver Wall Street II y en uno de los diálogos Gordon Gekko, otrora prototipo de hombre de negocios de éxito y con el cambio de siglo transformado en un gurú que llena salones de conferencias vendiendo humo, cuando justifica las trampas, zancadillas, corruptelas y demás acciones que han organizado su vida, sonríe con malicia y proclama satisfecho: - es solo el juego.

A pesar de que cada una de las historias trata sobre dos mundos aparentemente inconexos, en ambas se repetía la idea de jugar para mandar, dominar, controlar, juzgar, imponer y dictar. De pelear con toda la contundencia necesaria para satisfacer un ego atávico, un instinto poderoso porque embarga a los hombres desde que descendimos de los árboles y nos sacudimos el pelo de encima.

Pero mientras los que se desean poderosos juegan a ganar, quien sale perdiendo es siempre la mayoría, quien sin proponerse estar en el juego se convierte en un peón o un peldaño más; nunca o en contadas ocasiones los que juegan, porque para subir a lo más alto es necesario apoyarse sobre mucha gente.

Dentro de esta ilógica del poder que empapa todo lo que nos rodea, enseguida identifico a algunos de los mayores afectados: los refugiados de las infinitas guerras entre clanes de África por hacerse por el control de una zona, de sus recursos y materias primas; los trabajadores de mayor edad a los que se les expulsa del mercado de trabajo apelando a su escasa competitividad; las chicas jóvenes que se les rechaza de los trabajos ante la posibilidad de que se queden embarazadas; los ciudadanos de Estados Unidos sin atención sanitaria por no contar con un seguro.

Y como no los quince asesinados en la ciudad de Progreso, en Honduras, que nos comentaba Yolanda, y los niños que se escurren de la vida en Sierra Leona como arena en la mano.


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