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Luces

La noche ha llegado. Hace ya un rato que puedo escuchar las cigarras. Hoy no hay luna pero las estrellas no se ven bien porque nubes espesas encapotan el cielo. Ha llovido por la tarde, como suele hacerlo aquí. Repentinamente, casi rabiosamente.

Los grandes charcos se han formado por todas partes pero la capacidad de absorción de la tierra es tal que no quedan más que pequeñas acumulaciones que se pueden pisar sin miedo a mojarse. Es necesario el frontal para no aplastar los miles de caracoles que a estas horas inundan los caminos, o para evitar las temibles serpientes (aunque yo no he visto ni una: Ana dice que el otro día vio una cola negra que enseguida reptó hacia la hierba frondosa).

Resplandecen a lo lejos destellos de tormenta. La luz se ve rojiza, seguramente porque aunque no lo veamos los últimos rayos del sol terminan por desaparecer en alguna parte. Debajo de los rayos, que aparecen y desaparecen, como en una coreografía de obra de teatro, tintinean centenares de luciérnagas. Algunas hacen curvas que dejan haces fugaces, que enseguida desaparecen.

Un regalo. Las hermosas luces de la noche africana.

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